viernes, 4 de febrero de 2011

Una semana

Estoy nerviosa. Es imposible poder controlarlo.

En una semana más me voy. Por poco no estoy contando los días que me quedan en mi ciudad. Es que me parece tan raro todo esto. Es la vida a la que me acostumbré, y saber que de un día para el otro todo va a cambiar es... Tan triste, pero al mismo tiempo tan emocionante.

Vino mi prima y mi tía de vacaciones, y ellas me van contando todas las cosas que voy a hacer y que tengo que tomar en cuenta. Colectivos, subterráneos, trenes. Calles, horarios, lugares. Todo a gran escala, y todo tan rápido. Cemento, edificios enormes y autos que no paran a ninguna hora.

No es como acá, que a la hora de la siesta ningún negocio está abierto, o como en la madrugada que se escucha un auto de vez en cuando. No. Es distinto. Tal vez eso es lo que me da esa euforia mezclada con miedo y melancolía previa.

Me encantaría saber que voy a poder adaptarme, pero todo lo tengo tan encima que no se que hacer... Dios! Dame un poco de paz en esta situación.

Siento como dejo 18 años de mi vida atrás, en esta pequeña ciudad perdida entre las montañas. Mi ciudad... Mis amigos, mi secundaria, mis padres... Todo conocido que puedo tener. El cruzarme con ellos cada mañana, en la plaza. Mi iglesia, mi música... Nada va a ser lo mismo.

Quiero, igualmente, empezar de nuevo. Sin dolores pasados (o dejarlos atrás), y con todo un futuro emocionante por descubrir.

No se me va a ser fácil, ya lo dice mi euforia, pero se que tampoco estoy sola... Porque estoy con Él, y Él está conmigo...

Espero que eso me de la paz que estoy buscando...

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