De mañana:
Tengo ganas de escribir, quería saber cómo se sentía cuando la lapicera roza el papel, y la verdad se siente bien, me siento libre.
El viento corre a través de la parra al lado de mi ventana, haciendo sonar cada hoja con delicadeza. La brisa continua; algo que siempre voy a recordar de este lugar. Siempre continuará, ella no se va a detener nunca.
Estos días estuve pensando en las despedidas. Las diferentes formas y razones de decir adiós, me hicieron caer en la cuenta que todas ellas nos llevan a la crisis. Y como muchas veces he escuchado, la crisis viene por el cambio y trae con ella más cambio. Como sucede con las uvas que estoy contemplado; su semilla tuvo que morir para transformarse en planta y su flor tuvo que morir para que viniera el fruto. Tiene que haber muerte para que vuelva a haber vida.
Ayer hablé con él. Había hablado para juntarnos una vez más, la última. Al principio dijo que no, que no le iba a hacer bien y que por qué yo quería verlo. Le dije que era porque después ya no lo iba a ver más, pero ni siquiera se bien la razón de aquello. Sólo quería hablar con él por última vez y tal vez solo guardar un recuerdo suyo, de como es su voz, sus ojos, su sonrisa... Solo quería verlo sonreír una vez más. Pero ahora ya es imposible, porque después de haber dudado por el sí, yo misma lo animé a decir nuevamente que no, ya que se que va a ser para mucho mal.
Ayer fue nuestro adiós y con las últimas palabras también se van todos los sueños y la ilusión de pasar la vida con él. En la vida real no hay un botón de retroceso o posibilidades de editar nada o borrar lo que salió mal. Simplemente las cosas pasan...
Este mes va a estar lleno de despedidas... Empezó con él y continúa con lo que yo conozco como vida. Mis amigos, mis padres, mi hermosa ciudad. Ya nada va a ser igual, ni siquiera yo.
Me voy, y la vida continúa. Me voy y mi vida tiene que continuar. La brisa aumenta y es incesante. La música acompaña a la soledad...
... Cambio de planes... En unas horas continúo esto...
De tarde:
Estaba escribiendo lo anterior cuando recibí una llamada que no esperé. Era él, y me dijo en ir a su casa. Yo le dije que estaba bien, aunque estaba confundida con esta nueva decisión.
Fui, entré, y me quedé sentada hasta que él terminó de hacer cosas. Después de un rato se sentó al lado mio y me abrazó. Yo solo apoyé mi cabeza en su pecho y lloré por un rato... Después de eso, él me besó y ahí todo empezó...
Beso tras beso, toque tras toque, roce tras roce... Del sillón al piso, del piso al baño y ahí mucha agua, como si eso nos limpiara de todo lo que estábamos haciendo...
No, no llegamos a concretarlo, pero como hoy, nunca habíamos llegado tan lejos. Tratamos de disfrutarlo, pero era imposible. Tratábamos de darnos placer el uno al otro, de una manera, con una posición, con más intensidad o más delicadeza. Y cuando terminamos, nos dimos de frente con la decepción de haber hecho las cosas mal... de nuevo.
Y pensar que como novios, habíamos tenido tantas fantasías de cumplir lo que hicimos, pero ahora veo que no fue lo que esperaba... Porque el amor se fue, porque ya no queda nada de lo que éramos...
Terminamos todo ese show, y quedó un vacío entre nosotros... Nos besábamos, pero ya se había creado un abismo entre él y yo. ¿Y ahora? Nada... Lo extrañé, lo tuve por última vez, y ahora nada. No siento nada, solo quiero olvidar e irme. Porque no me sirvió más que para darme cuenta que fui débil una vez más, pero que tampoco necesito nada de eso. No necesito que un hombre me toque, que me excite, que me bese una y otra vez. Porque eso no necesariamente trae consigo amor, ¿y de qué me sirve algo vacío e insensible?
No, no me gustó mostrarme a la persona que tanto amé y ahora simplemente resultó ser mi droga. Es increíble la necesidad de un cuerpo por el otro, la imperiosa necesidad del roce de nuestros labios. Por eso es necesario el corte de todo esto, para que él haga su via y encuentre la felicidad a la cual él está predestinado, como yo también.
Tal vez por esto Dios permitió que pasara todo lo que pasó, para que no nos amáramos más, y veamos que solo es atracción física, sólo lujuria. Que no está Él en medio de nosotros, y que Él no lo aprueba...
(Perdón, una vez más, perdón por el mal que te hago todo el tiempo Dios... Necesito cambiar... Necesito de tu ayuda...)
Por lo menos, ahora si es nuestro verdadero adiós, ya que no siento esa falta como la sentía en nuestra primera despedida... Y a pesar de lo que acaba de pasar, todo terminó con una sonrisa en nuestros rostros, sabiendo que nunca más nos volveríamos a ver, por lo menos deliberadamente. Nunca más... Y eso extrañamente me deja aliviada.
Adiós primer amor de mi vida. Gracias por todo. Algún día nos volveremos a ver, pero en otras circunstancias... Sabé que te deseo lo mejor, siempre.
"Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos..."